Hacia una psiquiatría crítica: Excesos y alternativas en salud mental, editorial Grupo 5. Alberto Ortiz Lobo

Comentario: Chus Gómez Rodríguez. Psiquiatra


Alberto Ortiz Lobo. Foto: Valdivielso (Diario de Burgos)

Alberto Ortiz Lobo. Foto: Valdivielso  (Diario de Burgos)

El libro de Alberto Ortiz Lobo es un libro serio, honesto, bien escrito y documentado que como su titulo explicita, aboga por una psiquiatría crítica con su quehacer, y sus fundamentos que no es poca cosa. Invita a la reflexión desde muchos ángulos con no menos aristas.

En este momento social, cautivados por una tecnología médica que nos abisma, llenándonos la vida de pantallas que prometen espejismos futuros en los que casi todo será posible, Alberto obliga a pararse y apostar por una vida en donde las contingencias de los encuentros entre las personas sean posibles, y en donde la responsabilidad de las dos partes juegue la partida con las cartas boca arriba, señalando que no todo es posible y que hay hueco para dejarse sorprender fuera de la lógica mercantilista y de un modelo biomédico a ultranza que cifra el sufrimiento en claves medibles cuya solución vendrá de la mano de los psicofármacos y su potente industria.


Con Alberto colaboran en el libro otros colegas comprometidos con esta línea de pensamiento, dedicada a poner negro sobre blanco, en la cuestión de lidiar con el escurridizo mundo de lo Psy y la enfermedad como son Iván de la Mata, Juan Gervás, Vicente Ibañez y Eva Muñiz. A todos ellos gracias por este estupendo libro de lectura obligada para los que empiezan y para los que ya hace tiempo que lo hemos hecho.

El texto apuesta por una psiquiatría comunitaria en un tiempo convulso, fundamentalmente pragmático en donde el discurso sobre valores está en franco declive como signo de los tiempos.

Alberto reivindica el cuidado respetuoso por la ciudadanía, y reclama soberana autonomía de los ciudadanos que se acercan a las consultas a relatar sus dificultades y sufrimientos que aunque vestidos con síntomas psíquicos albergan malestares no siempre del ámbito de lo médico. Respeto y autonomía como pilares básicos para alcanzar una atención equitativa, eficiente e integral.

El libro es toda una declaración de intenciones orientada a mantener un sistema sanitario público, universal y sostenible, lo que implica un compromiso político de calado con su correlato en una posición ética.

El subtitulo del libro orienta también en este sentido: “excesos y alternativas en salud mental”. Es decir que no sólo señala los excesos si no que plantea alternativas.

Dividido en tres grandes epígrafes y después de una introducción de Manuel Desviat que reclama un eje político ético y técnico para un proyecto de salud mental colectiva el libro abre con una pregunta clave: “¿Por qué hablar ahora de los daños que produce la psiquiatría?

Alberto nos da sus razones: “Analizar los daños nos permite saber de otra manera qué psiquiatría tenemos y como despliega su práctica entre los ciudadanos, pero más allá de análisis conceptuales, el principal objetivo es conocer la forma y el alcance de los prejuicios para poder reducirlo cuanto sea posible”.

paternalismo-460x250A continuación Juan Gervás actualiza el clásico Primun non nocere partiendo de que “el desarrollo humano es la historia del control de la incertidumbre y finaliza dejando claro que el objetivo sanitario es paliar y evitar la morbilidad y mortalidad innecesariamente prematura y sanitariamente evitable (MIPSE), huyendo de las intervenciones innecesarias, creando problemas de salud por exceso de atención o por responder inadecuadamente a peticiones irrazonables de pacientes y superiores”

La segunda parte es muy potente. Entra de lleno en los daños que produce la psiquiatría y por tanto nos confronta de manera reflexiva con múltiples conflictos éticos que la clínica nos plantea cada día.

Siendo como son los pacientes psiquiátricos los únicos que pueden ser tratados en contra de su voluntad, y por medios coercitivos, el riesgo de que sean privados de sus derechos hace de la psiquiatría una “especialidad” en absoluto comparable al resto de las especialidades médicas por mucho que desde algunos ámbitos se nos intente vender lo contrario.

La coerción en salud mental es un concepto con amplios márgenes y escurridizas técnicas y maniobras que van desde la persuasión/manipulación delicada, al chantaje más y la amenaza más o menos encubierta.

Nos topamos de frente con múltiples coartadas, que disfrazadas de verdades como puños a costa de repetirlas, que no de demostrarlas, acaban en una cuestión del poder en juego, en las que finalmente el clínico siempre tiene el as para matar el tres, si quiere usar la versión lúdica del refranero mucho más explícita que la culinaria, ahora tan televisiva de la sartén por el mango…

Frente a este riesgo, se impone lo que debiera de ser una guía de buenas prácticas que nos vaya ubicando en la línea del menor paternalismo posible… que promueve dinámicas asimétricas en las que el paciente queda relegado a obedecer y confiar en el médico que actúa guiado por el principio de beneficencia en detrimento del de autonomía.

No maleficencia (primun non nocere) es por tanto es el principio mas importante en la práctica médica, junto con los de autonomía, de justicia y beneficencia.

Las valoraciones del estado mental y sus sesgos estructurales, al ser valoraciones sometidas a la subjetividad del evaluador, los ingresos involuntarios, las lobotomías y la valoración de la posible peligrosidad basada en test de marcado corte cientificista hacen que estas predicciones destaquen por su alta imprecisión y escasa fiabilidad.

“La tasa de error por exceso en la evaluación psiquiátrica de la peligrosidad se sitúa entre el 80 y el 93% dependiendo del criterio de violencia, mucho más elevado del 10% por defecto que se permite en la presunción de inocencia jurídica” ( Roche, 2012)

Las políticas de exclusión con los enfermos mentales se apoyan en atribuciones aprioristicas de rasgos como “impredecibles y amenazantes” que no dejan de constituir el gran andamiaje sobre el que se sostiene el estigma potenciado en gran medida desde dentro.

En este capítulo se nos recuerda que la fundamentación científica de los tratamientos es endeble y carece de pruebas inequívocas de donde deriva el uso de guías consensuadas.

industria farmaceuticaEl uso perverso de los psicofármacos como “ correctores” de conductas retadoras no es infrecuente y la morbimortalidad asociada al uso de NL en ancianos demenciados multiplica por dos la tasa de mortalidad..son algunas cuestiones a tener en cuenta y de práctica diaria.
Finalmente una reflexión sobre el tratamiento ambulatorio involuntario de forma rápida pero centralizada en los aspectos claves que implica: Vulnera derechos y no aporta beneficios o son escasos desemboca de pleno en la judicialización del caso, rompe la relación terapéutica y convierte a éste en mero receptor pasivo de una medicación que le ubica del lado de la pasividad, dependencia y regresión. ( Díez, 2004)

El capitulo 4 se dedica al tratamiento de las personas sanas… todo un trending topic para usar un término actual.

“Tratamiento de las personas sanas… todo un trending topic para usar un término actual”

Desfilamos por el escenario de la medicalización del vivir y de los cinco agentes que contribuyen a ello: la industria farmaceútica y las empresas sanitarias, que buscan un buen número de clientes potenciales. El inicio de este mercado sanitario puede situarse a principios de los noventa.

La población: orientada por un nuevo orden social en el que se han deslocalizado las redes de apoyo, las tradiciones están en declive con su función de soporte todo ello envuelto en unas nuevas coordenadas espacio tiempo que condicionan y modifican el modus vivendi y sus consecuencias en todos los órdenes.

Unos medios de comunicación ávidos de divulgar pretendidos descubrimientos revolucionarios, soluciones mágicas o terribles plagas con soporte cientificista la mayor parte de las veces.

Las instituciones políticas de gobierno que oscilan entre intervencionismos injustificados o bien delegando en la industria farmacéutica la formación de los profesionales lo que deriva en ampliar los límites de la enfermedad y en el aumento del consumo de psicofármacos en la población general.

Por último los grandes protagonistas que son los profesionales de la salud mental. La ampliación y colonización en territorios que no son de salud mental como el mobbing que pertenece al terreno laboral, o diluir y borrar los límites entre lo sano y lo patológico pueden ser estrategias que favorezcan la cronicidad y le enganche de por vida al “experto” al que se le demandaran “pautas”, como si la vida tuviera un libro de instrucciones escrito en alguna guía del no fracaso, en la estantería del santa santorum psiquiátrico.

TDAH-Para concluir hace un detallado recorrido por la construcción del hiperdiagnosticado TDHA que ha pasado a ubicar sobre todo al niño como un consumidor mas en este caso de fármacos y de consultas psiquiátricas o psicológicas en una especie de “ ya nadie a salvo”.

El capitulo concluye con una reflexión sobre los aspectos ideológicos de la psiquiatrización actual no sin consecuencias.

Y de este modo podría seguir comentando el libro capítulo a capítulo sin desperdicio posible y que como he dicho al inicio es de obligada lectura, lleno de referencias bibliográficas y de párrafos que de señalarlos dejaría no se si alguno en el tintero…

Por abrir boca dejo uno sugerente no sin señalar que el titulo hacia una psiquiatría critica, es el título que ha de marcar el itinerario al que hay que apuntar porque qué otra cosa puede ser la psiquiatría si no critica?

En resumen: Imprescindible. Enhorabuena a los autores

“La psiquiatría ha de abrirse a la crítica por su poder de retener y tratar involuntariamente a los ciudadanos. Sin embargo, la responsabilidad social de cuidar los problemas mentales es una función esencial de la psiquiatría y no puede ser negada. Así, los servicios de salud mental tienen que encontrar un precario equilibrio al lado del abuso y la negligencia.”

“Se hace imprescindible reivindicar una psiquiatría crítica que sea capaz de cuestionarse sus prácticas por el bien de los ciudadanos a los que cuida.”

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